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lunes, 27 de marzo de 2017

Fragmento del libro "Veinticuatro horas de una mujer" de Stefan Zweig

"Y siento dentro de mí, horrorizada, cuán débil, miserable, debe de ser esa especie de sustancia que vanidosamente llamamos alma, espíritu, sentimiento, lo que llamamos dolor, cuando todo eso, aun manifestándose en un grado extremo, no logra destruir el cuerpo lacerado..., cuando se sobrevive a horas así, en vez de morir, de aniquilarse, como un árbol partido por el rayo. Sólo por un breve momento el dolor me atenazó los miembros, cuando caí pesadamente sobre el banco, perdida la respiración y sintiendo un voluptuoso desfallecimiento precusor de la muerte. Me repuse en seguida, pensando que todo dolor es cobarde, puesto que retrocede ante el poderoso imperativo de la ida que parece adherirse a nuestra carne más intensamente que todo dolor mortal lo está a nuestro espíritu".

Françoise Huguier 



Extracto del libro "Veinticuatro horas de una mujer" de Stefan Zweig.

Frase del libro "Amok" de Stefan Zweig.

"Los enigmas psicológicos tienen sobre mí poder inquietante. Todo mi ser arde en el deseo de descubrir la relación que hay entre las cosa, y la sola presencia de un individuo de tipo singular puede despertar en mí una pasión de afán de saber, no menos viva que lo es la pasión carnal en las mujeres".

Anke Merzbach


Extracto del libro "Amok" de Stefan Zweig.

Fragmento del libro Artes poéticas de Jorge Luis Borges

Me considero esencialmente un lector. Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que la que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede

[...]Es decir, me han sucedido muchas cosas, como a todos los hombres. He encontrado placer en muchas cosas: nadar, escribir, contemplar un amanecer o un atardecer, estar enamorado. Pero el hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y transformar esas palabras en poesía. 
Al principio, ciertamente, yo sólo era un lector. Pero pienso que la felicidad del lector es mayor que la del escritor, pues el lector no tiene por qué sentir preocupaciones ni angustia: sólo aspira a la felicidad. y la felicidad, cuando eres lector, es frecuente. 

The Window Seat by William Orpen (1878 - 1931)




Extracto del libro Artes poéticas de Jorge Luis Borges

sábado, 18 de marzo de 2017

Fragmento del libro "La Mujer rota" de Simone De Beauvoir

Christian Schloe

Se acabaron los bocinazos era preferible ese estruendo que escuchar esa despelote en la calle; las puertas de los coches se golpean, gritan, se ríen, algunos cantan
ya qué tajada tienen y arriba sigue el follón. Me enferman,
tengo la boca pastosa
esos dos granitos en el muslo me aterran. Me cuido únicamente como productos dietéticos pero así y todo siempre hay alguien que los manosea con manos más o menos limpias la higiene no existe en este mundo, el aire es impuro no sólo a causa de los coches y de las fábricas sino a causa de esos millones de bocas sucias que lo tragan y lo vuelven a escupir desde la mañana a la noche;
cuando pienso que estoy sumergida en sus alientos tengo ganas de
huir al fondo de un desierto. Cómo conservar un cuerpo limpio en un mundo tan asqueroso?
uno se contamina por todos los poros de la piel y sin embargo yo
era sana y limpia, no quiero que me infecten. Si tuviera que meterme en cama ni uno se molestaría en cuidarme. Puedo dictarlas con mi pobre corazón fatigado, nadie sabría nada, me da miedo. Detrás de la puerta encontrarán una carroña apestaré me habré cagado encima, las ratas me habrán comido la nariz.


Sola vivir sola no quiero. Necesito un hombre, quiero que Tristan
vuelva, porquería de mundo gritan se ríen y aquí estoy consumiéndome de tristeza; cuarenta y tres años es demasiado temprano es injusto quiero vivir. La gran vida yo estaba hecha para eso: el cabriolé el apartamento los vestidos y todo lo demás. Florent largaba la pasta y nada de comedia —sólo un poco en la
cama cuando hace falta hace falta— quería nada más que acostarse conmigo y exhibirme en las discotecas elegantes yo era atractiva mi mejor época todas mis amigas reventaban de envidia. Me hace mal recordar esa época nadie me saca, me quedo plantada dejándome hacer encima. Estoy harta, estoy harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta.


Extracto del libro "La Mujer rota" de Simone De Beauvoir.

viernes, 17 de marzo de 2017

Fragmento del libro "Una soledad demasiado ruidosa" de Bohumil Hrabal

lya Yefimovich. Tolstoy Resting in the Woods


Y yo, al pie de la montaña, me encojo como Adán entre los matorrales, con un libro en la mano abro mis atemorizados ojos a un mundo extraño, distinto de aquel en el que me hallaba hace apenas un instante porque yo, cuando me sumerjo en la lectura, estoy en otra parte, dentro del texto, me despierto sorprendido y reconozco con culpa que efectivamente vuelvo de un sueño, del más bello de los mundos, del corazón mismo de la verdad. Diez veces al día me maravilla haberme alejado tanto de mí mismo. Así, extranjero y ajeno, cada anochecer me dirijo a mi casa, en silencio voy por las calles inmerso en una profunda meditación, paso de largo tranvías y coches y peatones, perdido en una nube de libros que acabo de encontrar en mi trabajo y que me llevo a casa en la cartera, así, soñando, cruzo en verde sin percatarme de ello, sin topar con los postes ni con la gente, camino, apestando a cerveza y a suciedad, pero sonrío porque tengo la cartera llena de libros de los cuales espero que por la noche me expliquen algo sobre mí mismo, algo que todavía desconozco. Camino entre el bullicio de la calle sin cruzar en rojo, yo puedo andar sin ser consciente, medio adormilado, en el umbral de la conciencia, en una especie de inspiración subterránea, la imagen de cada una de las balas que he comprimido ese día se va apagando suavemente, tiernamente, dentro de mí, tengo la sensación física de ser, yo también, un paquete de libros prensados, de que en mi interior arde una pequeña llama como la de un calentador o de una nevera de gas, una lucecita que nunca se apaga, un fuego que alimento diariamente con el aceite de los pensamientos, de las ideas que a pesar de mí mismo leo en los libros mientras trabajo y que ahora me llevo a casa en la cartera. Ando como una casa en llamas, como una granja ardiendo, la luz de la vida se alza del fuego y el fuego surge de la madera que muere, el hostil desconsuelo resta en el corazón de las cenizas y yo hace treinta y cinco años que prenso papel viejo.


Extracto del libro "Una soledad demasiado ruidosa" de Bohumil Hrabal.

Fragmento del libro "Nada en el domingo" de Francisco Umbral.

A., con la vida de la vida y la vida de la muerte luchando en su interior. Dos frentes, como en una guerra. La guerra civil que nos espera a todos inmediatamente después de morir. Unos órganos no quieren enterarse de que están muertos y otros han empezado a trabajar ya a favor de la muerte. Menos mal que el hielo de las grandes clínicas viene a poner paz en todo esto, como la nieve ponía paz en las campañas rusas de Napoleón. Baja el frío, o sube, y todas las vísceras se paran, las últimas vegadas de sangre se congelan entre los juncos interiores del río humano, y ya está. Eso es: la congelación, la hibernación del muerto como la nieve sobre los restos de un campo de batalla. Todo queda más en paz, la pudrición se detiene y hasta hace bonito, tanta blancura. A., en estos momentos, es el ejército de Napoleón (o el de Hitler) preso entre las nieves de Rusia. Qué pasa con un muerto cuando se muere. Qué va a pasar conmigo cuando me muera. Nada. Que la vida dura más allá de la vida, como a veces seguimos buscando lo que ya hemos encontrado. Que el cuerpo funciona por ciclos completos y que determinados procesos químicos no se detienen porque uno se haya muerto (lo que prueba que son indiferentes, asimismo, a la vida de uno). Otros procesos, en cambio —el de pensar—, se paran de golpe, o esa vieja piedra de molino que es el corazón, y ya está. De modo que el hombre, se dice Grock, ni siquiera muere del todo, ni siquiera le queda ese consuelo de morir de golpe (aunque se pegue un tiro de revólver). La vida, como viera el clásico (sólo que el clásico no sabía cuánto acertaba) es un río que va a dar a la mar, que es el morir, y el río sigue fluyendo mucho tiempo después de la muerte oficial, y Grock recuerda que a los desenterrados les suelen haber crecido las uñas y el pelo, dos materias muertas, y en ese mismo momento decide que le incineren, en cuanto llegue a casa dejo escrito que a mí me incineren, no quiero ser esa mierda de muerto/vivo que es el hombre para la eternidad. Se ha cantado mucho la paz de la muerte y resulta que no hay tal paz, sino una guerra civil bajo tierra, que quizá dura años, por no hablar de los gusanos y todo eso. A mí que me incineren, señor Juez.

Jan Esmann

[...] Porque luego está el proceso inverso, claro, joder con el whisky de mierda de la vieja de mierda, y qué ardores y qué dolor de cabeza, el proceso inverso, sí, que consiste en irse muriendo en vida, todos nos morimos en vida, claro, es un tópico, alguien dijo que a partir de los dos años de edad empieza el final, pero yo me refiero ahora al morirse en vida de quienes nos damos cuenta: cada día se nos va quedando necrosada una parte del cuerpo por dentro, y cada día nos va abandonando una porción de vida, una península de biografía, un continente entero, lo que sea. Cada día estamos más solos y más muertos, y aquí no hay hibernación ni hostias, sino un vivir para darse cuenta de que ya se vive menos, cada vez menos. Vivir, Grock, es asistir a la propia muerte, porque la muerte inicia su trabajo mucho antes de que te des el golpe de moto que se dio A. La muerte trabaja a largo plazo.


Extracto del libro "Nada en el domingo" de Francisco Umbral.

Extracto del libro "Nada en el domingo" de Francisco Umbral.

Fotografía de Yvonne Chevalier
"Piensa en la extraña condición de la soledad: la soledad genera erizos y perros muertos, pintura barroca, enigmática, mala e invendible, la soledad genera alcohol y cachorros de león, muertos de domingo y motos de circo, esposas jóvenes, desvencijadas y viudas, la soledad, en fin, genera domingos llenos de gente y vacíos de vida, muchachas drogadas, borrachos y meretrices que se afeitan el vello del pubis. La soledad es lo más poblado que existe".



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Fragmento del libro de "Nada en el domingo" de Francisco Umbral.