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sábado, 29 de diciembre de 2012

Frase del libro "El día que Nietzsche lloró" de Irvin D. Yalom.

“Pensar en Bertha le ocupaba todo el tiempo: evocaba su seductora sonrisa, sus ojos adorables, el tacto de su cuerpo cálido y dócil, y su respiración acelerada cuando la examinaba o le daba un masaje. Escenas así tenían poder, vida propia; y cada vez que bajaba la guardia, le invadían la mente y se apoderaban de su imaginación. “¿Será esta mi suerte para siempre? –se preguntó-, ¿estoy destinado a ser sólo un escenario donde los recuerdos de Bertha representan continuamente su drama?"
Frase del libro "El día que Nietzsche lloró" de Irvin D. Yalom.

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