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miércoles, 20 de agosto de 2014

Fragmento del libro "La escala de los mapas" de Belén Gopegui.


Oleg Tchoubakov
"¿Ven esa bici sin frenos que corre por el camino de arena cuesta abajo? ¿Ven al caballero que la conduce pávido, con las manos en los oídos, los pies en aspa y el tronco tremolando sobre el sillín? Si se aproximan un poco distinguirán mis rasgos. Y les confieso que aquella noche, cuando caminaba del brazo de Brezo, no hacía otra cosa que cerciorarme de que los frenos no iban a funcionar".  

Extracto del libro "La escala de los mapas" de Belén Gopegui.

martes, 15 de julio de 2014

Fragmento del libro "El lado frío de la almohada" de Belen Gopegui.



Lou Ros
“Ya casi nunca lograba expulsar la sensación de que su pasado se había convertido en un armario cerrado a la fuerza. Uno de esos armarios en donde se han guardado demasiados objetos sin colocar y que hay que abrir con cuidado para que no caiga todo de golpe, las maletas, los zapatos, las equivocaciones”.

Extracto del libro "El lado frío de la almohada" de Belen Gopegui.

sábado, 11 de enero de 2014

Fragmento del libro "El lado frío de la almohada" de Belen Gopegui.



"SEXTA CARTA.


Daniel Gerhartz
Me disipo a su lado, le decía. Llaman disipación a la conducta de los libertinos. Pero disipar es hacer que una cosa que está en el aire sea cada vez menos densa hasta desaparecer. Claro que nunca desaparece del todo. Aunque la niebla se disipa y deja de verse, queda en el aire extendida. Disiparme ahí, a su lado, significa aceptar que la materia no es siempre plomo, carne, madera. También en ocasiones roza lo invisible. Porque s¡ la energía es masa por la velocidad de la luz al cuadrado, entonces la energía es materia cambien, es una forma de la materia, y así las conexiones, las chispas diminutas que deben de saltar en el cerebro cuando una neurona se conecta con otra, son materia también, y cuando yo le escribo y usted me lee saltan chispas microscópicas, y usted y yo nos hacemos menos densos.

(...)

Volvamos a los sueños. A los suyos, señor director, que son también los míos: «Lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un posible en la infinidad.» Por eso amamos la literatura, por lo que engendra. Ésa es la última razón. Las demás razones tal vez sean complejas, amplías y personales, pero no son la última, la necesaria, la imprescindible.

      No sé durante qué enfermedad infantil, sí es que hubo una enfermedad infantil, tomó usted qué libro y hacia qué parajes le condujo. No conozco su relación con las palabras, los géneros, con algunos personajes, con algunos autores y propósitos. Pero sé que usted ha rezado como yo la oración de Lezama aun sin haberla oído nunca:

      "Ángel de la jiribilla ruega por nosotros.

      Y sonríe. Obliga a que suceda.

      Enseña una de tus alas, lee: Realízate,

      cúmplete, sé anterior a la muerte.

      Vigila las cenizas que retornan. Repite:

      Lo imposible al actuar sobre lo posible,

      engendra un posible en la infinidad.

      Ya la imagen ha creado una causalidad,

      es el alba de la era poética entre nosotros.

      Ahora ya sabemos que la única certeza

      se engendra en lo que nos rebasa".

      Por eso leemos, por eso amamos la literatura. Por lo que nos rebasa. Un beso son dos lenguas que se frotan y recorren la boca ajena, pero la literatura dice: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Cito para usted a Miguel Hernández y no importa sobre todo el poeta, el poema, la historia, el personaje. Importa el incremento. Los panes y los peces. Usted lee y adquiere un extraño dominio sobre el mundo real. Las páginas se tornan extensibles como si más allá guardaran otras cosas, otros sitios. La mano que roza su mano tiene plumas y manos de yeso cortadas, y usted sabe que existe una playa abierta, una extensión sin límites, el mundo que con los ojos vueltos hacia dentro reconocemos y acatamos. La vida no es la vida, señor director: es la vida con el incremento. Allí donde algunos dirían que se acaba la realidad, usted y yo sabemos que continúa, que detrás del follaje da comienzo una región nueva y nuestra.

Quint Buchholz - man on a lader
      ¿Usted ha subrayado libros, señor director? Yo he subrayado libros, he memorizado poemas, he subrayado párrafos. Y cuando parecía que estaba quieta o pensativa, no pensaba: recorría el desierto africano, la estepa rasa. Yo he regresado a casa como si me esperaran, ellos, los personajes, el espía que surgió del frío, el Larsen acabado de El astillero, el cónsul de Lowry, el periodista conmovedor y cínico de Graham Greene. Y no se trata de hacer una lista. Si antes usé palabras de Julio Cortázar, sí menciono a Onetti o evoco a Cernuda no lo hago con ánimo de aprobar o cuestionar. La pregunta aparece junto con cada obra y no después de ellas. La pregunta dice: ¿Pero de dónde procede el incremento? Pero lo que se engendra en lo que nos rebasa: ¿qué lo engendra, y cómo lo hace, y para qué? A veces me preocupa, señor director.

      El término plusvalía se ha vuelto tan antiguo porque ya no es preciso discutirlo, todos saben y reconocen que el beneficio no sale de ninguna parte sino de alguna, de la parte del trabajo que no se paga y de la expropiación del tiempo de vida. Dicen que no ocurre lo mismo con la literatura. Dicen que el capital simbólico, los miles de conexiones neuronales que se disipan y crean una envoltura, una atmósfera dentro de la atmósfera, no es capital real, dicen que no es dinero robado ni expropiación de la vida. Amamos la literatura por el incremento pero ¿de qué está hecho? ¿Adónde nos conduce, de dónde nos separa el incremento? Y sobre todo, señor director: ¿adónde no nos conducirá nunca? ¿Cuáles son los imposibles que no se dicen, que no actúan nunca sobre lo posible en la literatura?

      Mírela ahora desde lejos. Es como un viento que agitara ¡as ramas de los bosques que fueron y serán. Es un viento que agitara el espíritu, pero ¿adónde lo ha llevado? ¿Pero es que aún no aprendimos que el espíritu no está separado de la tierra? La literatura pertenece a los sueños, señor director. No a los sueños concretos sino a los fragorosos, a los providenciales. Y usted y yo sabemos cuáles son los sueños que nunca se sueñan.

 
Euan Macleod
    El héroe pertenece a la literatura. El héroe pertenece a los sueños porque adula nuestra impotencia, porque es como nosotros y, sin embargo, en un instante tiene lugar la prueba y vuela el héroe, o es valeroso, o magnánimo.


      Importa que todo ocurra pronto, importa para sentir así que nosotros podríamos haber sido el héroe.

      El héroe no es quien ensaya y rectifica y persevera y yerra de nuevo y de nuevo vuelve a rectificar. No es quien procura dominar los impulsos oscuros, los suyos, los de los otros, y lentamente lo consigue, aunque no siempre, e insiste y lentamente mejora. El héroe, en cambio, es quien se deja llevar por un impulso refulgente en un instante porque nosotros, en un instante, podríamos dejarnos llevar.
(...)

  No hay héroes ni hay tampoco antihéroes en la revolución. El antihéroe pertenece a la literatura porque no necesita hechos que se prolonguen sino actitudes. Una actitud de dulce descreimiento que adopta el antihéroe, y también nosotros durante la evocación.

      Yo sé que a usted esto no le concierne, yo sé que usted busca el interés humano, pero tal vez forme parte del interés humano preguntarse si no soñamos literatura porque ella adula nuestra impotencia y nos retrae, porque las decisiones que se toman por los sueños son decisiones que nos protegen a nosotros nunca con, siempre frente a los demás. Y déjeme decirle, señor director, que el agregado y yo coincidimos en muchos libros.

      Le guarda,

      Laura Bahía"


Extracto del libro "El lado frío de la almohada" de Belen Gopegui.