[...capturando fragmentos de este instante que quedarán guardados a la espera de su significado definitivo] Diego Sánchez Aguilar
¡Bienvenidos!
viernes, 26 de junio de 2015
Extracto del libro "Stoner" de John Williams
«Solía verte allí de pie, frente a la clase, tan grande, encantador e incómodo, y te deseaba intensamente. Nunca te diste cuenta, ¿no?». «No», dijo William. «Creía que eras una señorita recatada». Ella rió encantada.«¡Sobre todo recatada!», se puso un poco seria sonriendo por el recuerdo. «Supongo que yo también pensaba que lo era, ¡oh, qué recatados parecemos cuando no tenemos motivos para no serlo! Hace falta enamorarse para conocernos mejor a nosotros mismos. A veces, contigo, me siento como la más zorra del mundo, la más ansiosa y fiel zorra del mundo ¿te parece eso recatado?».
Fragmento del libro "Stoner" de John Williams.
Extracto del libro "Setecientos millones de rinocerontes" de Manuel Vilas
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| Mette I - Jan Esmann |
"Te diré, dulce X., que el trastorno es pasar de la normalidad a la excepcionalidad, del orden gris y acartonado a la festividad sustancial e imprevisible del rinoceronte. Todo ser humano tiene derecho a ser libre y a estar enamorado.
Por tanto, todo ser humano tiene derecho a convertirse en un rinoceronte.
Todo ser humano tiene derecho a emprender un viaje hacia lo desconocido, hacia las Indias, hacia África y Asia, hacia el horizonte marino, hacia el ceremonioso unicornio, para saber qué hay más allá de ese horizonte que los océanos esconden.
Pensé que una buena metáfora de la vida vivida eran setecientos millones de rinocerontes rompiendo la luz.
La memoria es eso, setecientos millones de rinocerontes a la vez.
Conviértete en un rinoceronte.
El rinoceronte es un trastorno enamorado.
Trastórnate. Es delicioso".
Fragmento del libro "Setecientos millones de rinocerontes" de Manuel Vilas.
Fragmento del libro "Memorias del subsuelo" de Fiódor Dostoyevski
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| Hambre (Hunger) - Oswaldo Guayasamin |
«Mi cólera está sometida a una especie de descomposición química, en virtud precisamente de esas malditas leyes de conciencia. Apenas distingo el objeto de mi odio, he aquí que éste se desvanece, los motivos se disipan, el responsable se volatiliza, el insulto deja de ser insulto y se presenta como obra del destino, como algo semejante a un dolor de muelas, al que todo el mundo está expuesto. y entonces mi único consuelo es romperme los puños contra la pared. En la imposibilidad de encontrar las causas primeras, renuncio, pues, a mi venganza con un desdén afectado. ¡Ah, si tratase uno de abandonarse a sus sentimientos, ciegamente, sin reflexión alguna, sin buscar ninguna razón, alejando de sí toda conciencia, aunque no fuera más que por algún tiempo!... ¡Entonces la cosa sería muy distinta! ¡Maldice o adora, pero no estés con los brazos cruzados! Desde el día siguiente te despreciarás por haberte engañado a ti mismo a sabiendas. Resultado final: pompas de jabón, inercia...
¡Ah, señores!, es posible que me considere inteligente en extremo por la única razón de que en mi vida no he logrado empezar ni acabar nada. No soy, pues, más que un charlatán, un inofensivo charlatán, un pesado como todos nosotros. Pero ¿qué le voy a hacer, señores, si el destino del hombre inteligente es charlar, es decir, verter agua en un tamiz?».
Extracto del libro "Memorias del subsuelo" de Fiódor Dostoyevski.
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