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jueves, 8 de enero de 2015

Fragmento del libro "Prohibido entrar sin pantalones" de Juan Bonilla



Fabian Perez


“Señorita, usted va a tener el gusto de hablar con un ruso célebre y le digo que he visto muchachas más bonitas que usted, más esbeltas que usted, y todas las muchachas se vuelven locas por nosotros, lo poetas, y yo soy inteligente y mi voz es poderosa, y te puedo marear si accedes a escucharme, pero ten en cuenta que a mí no se me caza así como así, los deseos pasajeros no se me suben a la cabeza, porque a mí, el amor me ha herido para los restos, y ya sólo soy un perro que se arrastra por los suelos, porque yo no mido el amor en términos de patrimonio y posesiones, y ella dejó de quererme y me dio la patada, así que me siento tranquilamente ante el piano y no voy a entrar en más detalles, no tontee conmigo, guayabo, que no tengo viente años, ya he pasado con mucho de los treinta y sé que el amor no consiste en que te hierva el cuerpo a borbotones, ni en que se te incendien las entrañas, sino más bien lo que sucede en las cuevas que hay bajo la montaña del pecho, amar es correr al fondo del patio y partir leña para la chimenea haciendo brillar el hacha, poniendo a prueba nuestra fuerza hasta que llega la noche, amar es abandonar bruscamente las sábanas desgarradas por el insomnio, sintiendo celos del mismísimo Copérnico, considerar a Copérnico nuestro rival, él es nuestro enemigo, no del marido de Maria Ivanova el amor no es el paraíso del dinero, sólo el anuncio de que de nuevo se ha puesto en marcha el motor congelado del corazón y usted, señorita, ha roto el hilo que me unía a Moscú, pero ¿cómo se lo explico?, si yo o fuera poeta quisiera ser astrólogo, alboroto en la plaza, ruedan los coches, yo camino anotando versos en la cabeza o en la libreta, los coches corren despavoridos pero no me atropellan, han comprendido que me encuentro en pleno éxtasis y que un enjambre de visiones y de ideas me llega hasta el tuétano y hasta los osos podrían tener alas si yo quisiera, y yo hiervo, en este restaurante barato, hiervo para decirles a los enamorados que tienen que enseñar a los demás a mirar a las estrellas, a los que han perdido la vista y las ganas de mirar al cielo, de plumaje incendiado, tiene que decapitar a los enemigos del amor con su sable luminoso de larga cola, y escucho los latidos de mi propio pecho como si estuviera esperando una cita, cada uno de ellos es una llamada del amor, ese huracán indomable, quién puede contenerlo, ese incendio, ¿puede usted apagarlo?, haga la prueba, señorita, pruebe a contenerlo, pruebe a apagarlo…”

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Fragmento del libro "Prohibido entrar sin pantalones" de Juan Bonilla.

René Magritte
“La nube en pantalones. Voy a excitar, con el trapo sanguinolento de mi corazón, vuestras mentes fofas enclaustradas en cerebros somnolientos, cebados lacayos en un mugriento sofá. Mi alma no tiene una sola cana, atronando el mundo con la fuerza de mi voz, piso con fuerza, veintidós años tengo. Ni los que acostáis el amor sobre violines, ni los que lo acostáis sobre timbales, podréis hacer lo que yo haré aquí: volverse del revés para ser todo labios. Que aprenda la dama finústica que es socia de los ángeles, y la que hojea impasible labios como un ama de casa hojea un libro de cocina. Me voy a volver loco de carne si es lo que desean, si lo desean seré impecablemente fino: no un hombre, seré una nube en pantalones. Canto a los hombres aplastados como un hospital, a mujeres que rebosan como un refrán”.

Extracto del libro "Prohibido entrar sin pantalones" de Juan Bonilla.