Fragmento de el libro "La bruja de Portobello" de Paulo Coelho.
Entre páginas 14 y 15
Quién sabe, buscó la muerte como un náufrago busca una isla. Debió de estar en muchas estaciones de metro de madrugada, esperando a atracadores que no venían. Caminó por los barrios más peligrosos de Londres como un asesino que no aparecía. Provocó la ira de los fuertes, que no consiguieron manifestar su rabia.
Hasta que consiguió ser brutalmente asesinada. -Pero, a fin de cuentas, ¿Cuántos de nosotros evitamos ver cómo las cosas importantes de nuestras vidas desaparecen de un momento a otro? No me refiero a las personas, sino también a nuestros ideales y a nuestros sueños: podemos resistir un día, una semana, algunos años, pero estamos condenados a perder. Nuestro cuerpo sigue vivo, pero, tarde o temprano, el alma acaba recibiendo un golpe mortal. Un crimen perfecto, no sabemos quién asesinó nuestra alegría, qué motivos lo provocaron, ni dónde están los culpables.
Y esos culpables, que no dicen sus nombres, ¿serán conscientes de sus gestos? Creo que no, porque ellos también son víctimas de la realidad que han creado, aunque sean depresivos, arrogantes, impotentes y poderosos.