“Tendida en la cama, con el libro en las manos, se sentía vacía, extenuada por el niño, la tarta, el beso. De un modo u otro, tenía que ver con estos tres elementos, y mientras yacía acostada en la cama de matrimonio, con las persianas bajadas y la lámpara de la mesilla encendida, tratando de leer, se preguntaba: ¿es esto volverse loca? Nunca se lo había imaginado así. Cuando pensaba en alguien (una mujer como ella) que estaba perdiendo el juicio, se figuraba gritos y gemidos, alucinaciones; pero en ese momento le parecía claro que había otra manera, mucho más tranquila; una manera entumecida e impotente, apática, hasta el punto de que una emoción tan intensa como la tristeza habría sido un alivio”.
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| Francine Van Hoven |
Extracto del libro "Las horas" de Michael Cunningham.

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