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miércoles, 23 de abril de 2014

Fragmento del libro "Las horas" de Michael Cunningham.


“Tendida en la cama, con el libro en las manos, se sentía vacía, extenuada por el niño, la tarta, el beso. De un modo u otro, tenía que ver con estos tres elementos, y mientras yacía acostada en la cama de matrimonio, con las persianas bajadas y la lámpara de la mesilla encendida, tratando de leer, se preguntaba: ¿es esto volverse loca? Nunca se lo había imaginado así. Cuando pensaba en alguien (una mujer como ella) que estaba perdiendo el juicio, se figuraba gritos y gemidos, alucinaciones; pero en ese momento le parecía claro que había otra manera, mucho más tranquila; una manera entumecida e impotente, apática, hasta el punto de que una emoción tan intensa como la tristeza habría sido un alivio”. 

Francine Van Hoven


Extracto del libro "Las horas" de Michael Cunningham.

viernes, 28 de marzo de 2014

Fragmento del libro "Las horas" de Michael Cunningham.


"—No sabría ir de compras sin ayuda. Puedo enfrentarme a un poli con gas lacrimógeno, 
pero que no se me acerque una dependienta. 


Valeriu Buev

Clarissa se percata, con un sobresalto, de que Mary está haciendo un esfuerzo. A su 
manera, está intentando gustar. 

—Oh, no pueden ser tan espantosas —dice. 

Son las tiendas, es todo el rollo, toda esa mierda en todas partes, disculpa, esas 
mercancías, todos esos artículos, y anuncios que te gritan desde todos los lados compra, 
compra, compra, compra, y cuando se me acerca alguna de pelo largo y con churretes de 
maquillaje y me dice «¿Puedo ayudarla?», a duras penas consigo no gritarle: «Perra, ni siquiera puedes ayudarte a ti misma»".




Extracto del libro "Las horas" de Michael Cunningham.