"—No sabría ir de compras sin ayuda. Puedo enfrentarme a un poli con gas lacrimógeno,
pero que no se me acerque una dependienta.
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| Valeriu Buev |
Clarissa se percata, con un sobresalto, de que Mary está haciendo un esfuerzo. A su
manera, está intentando gustar.
—Oh, no pueden ser tan espantosas —dice.
—Son las tiendas, es todo el rollo, toda esa mierda en todas partes, disculpa, esas
mercancías, todos esos artículos, y anuncios que te gritan desde todos los lados compra,
compra, compra, compra, y cuando se me acerca alguna de pelo largo y con churretes de
maquillaje y me dice «¿Puedo ayudarla?», a duras penas consigo no gritarle: «Perra, ni siquiera puedes ayudarte a ti misma»".
Extracto del libro "Las horas" de Michael Cunningham.
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